Ir al contenido
Deruna

Estuco a la cal y escayola decorativa: capas, bruñido y molduras corridas

Deruna reúne apuntes de taller sobre revestimientos minerales: cómo se apaga la cal y cuánto reposa la pasta, qué pide un soporte antes de recibir la primera capa, cómo se levanta un estuco veneciano o un marmorino, y de qué manera se corren molduras y se reponen faltantes en escayola antigua.

Está escrito para quien trabaja con la llana en la mano o quiere entender qué está mirando cuando ve un paramento pulido.

Imagen 1 Paramento de cal con acabado tendido a llana: la luz rasante revela las pasadas de la herramienta y las variaciones de tono propias de un mortero mineral.
Superficie de un muro revestido con mortero de cal, con textura irregular y tonos beige y arena
01

Dos familias de material: cal y yeso

Casi todo el trabajo decorativo mineral se apoya en dos conglomerantes de comportamiento muy distinto. La cal aérea fragua lentamente por carbonatación, absorbiendo dióxido de carbono del aire, y admite acabados que se compactan y brillan. La cal hidráulica natural, en cambio, empieza a endurecer con el agua y ofrece más resistencia en zonas expuestas o con humedad ascendente, a costa de perder parte de esa plasticidad tan agradecida bajo la espátula.

El yeso trabaja en otro registro. Fragua en minutos, copia el molde con una fidelidad que ningún mortero de cal alcanza y permite modelar, tallar y reparar en la misma jornada. Por eso el interior de muchas casas del siglo XIX y de los ensanches urbanos combina las dos cosas: paramentos de cal en fachadas y zonas húmedas, y cornisas, florones y rosetones de yeso o escayola en los techos protegidos.

Elegir mal el material no se nota el primer día, sino al año siguiente. Un estuco a la cal sobre un guarnecido de yeso en un baño sin ventilación acabará con eflorescencias y desprendimientos; una moldura de escayola en un porche del litoral se ablanda con la humedad marina. La regla práctica es sencilla: el revestimiento nunca debe ser más duro ni más impermeable que el soporte que lo sostiene.

02

El apagado de la cal y el reposo de la pasta

La cal viva en terrón se apaga sumergiéndola en agua, nunca al revés: el terrón entra en la balsa o en el bidón con agua ya cargada, se remueve con precaución y se deja que la reacción libere su calor. El proceso hierve, salpica y desprende vapor, así que se hace con gafas cerradas, guantes largos y ropa que cubra los brazos, y siempre al aire libre o en un espacio bien ventilado.

Lo que sale de ahí es una pasta blanca que todavía no sirve. Necesita reposar bajo una lámina de agua que la aísle del aire, en un recipiente que no se oxide, y ese reposo se cuenta en meses. Una pasta de tres meses ya es utilizable para enfoscados; para acabados finos y estucos pulidos se prefiere cal envejecida durante uno o dos años, cuando los cristales de hidróxido se han afinado y la masa adquiere ese tacto untuoso, casi de mantequilla, que se estira sin arrastrar.

Señales de una pasta madura

  • Superficie cubierta de agua limpia y transparente, sin costra seca.
  • Color blanco uniforme, sin vetas grises ni grumos que se noten al apretar entre los dedos.
  • Textura sedosa: se corta con la paleta y el borde del corte se mantiene, no se derrumba.
  • Ausencia de granos duros; si quedan, conviene tamizar antes de usarla en capas de acabado.

La cal hidratada en polvo es otra cosa: sirve, se maneja y ahorra tiempo, pero conviene hidratarla en agua al menos una noche antes de amasar el mortero. Nunca alcanza la plasticidad de la pasta envejecida, y en un acabado bruñido esa diferencia se ve.

03

El soporte manda: limpieza, agarre y salpicado

Ningún acabado corrige un soporte mal resuelto. Antes de amasar nada hay que saber qué hay detrás: fábrica de ladrillo, mampostería, tabique de yeso laminado, un revoco antiguo de cemento o capas superpuestas de pintura plástica. Cada caso pide una preparación distinta, y la mayoría de los fracasos que se atribuyen al material vienen de este paso.

Comprobaciones antes de empezar

  • Humedad: si el muro está húmedo de forma persistente, buscar el origen antes de revestir.
  • Cohesión: rascar con una espátula; si el soporte pulveriza o suena hueco, retirar hasta encontrar material firme.
  • Absorción: mojar una zona con brocha y ver cuánto tarda en desaparecer el brillo del agua.
  • Pinturas y selladores: las películas plásticas impiden el agarre y hay que eliminarlas, no cubrirlas.
  • Planeidad: comprobar con regla larga y decidir si hacen falta maestras o un relleno previo.
  • Encuentros: prever cómo se resuelven jambas, rincones, rodapiés y arranques de tabique.

Sobre soportes lisos o poco absorbentes se aplica un salpicado: un mortero muy fluido, rico en conglomerante y arena gruesa, proyectado a paletadas para dejar una superficie rugosa y abierta. No se alisa; su valor está justamente en el relieve irregular que multiplica el agarre de la capa siguiente. Se deja endurecer varios días y se humedece antes de continuar.

Después vienen las capas de cuerpo, de árido más fino conforme se avanza hacia el exterior, cada una algo más débil que la anterior. En clima seco de interior peninsular conviene humedecer los paramentos por la mañana y por la tarde durante los primeros días: la cal que seca demasiado rápido no carbonata bien y queda pulverulenta.

Espátula metálica cargada con pasta blanca de acabado apoyada sobre el canto de una llana
Imagen 2 La carga de material en la espátula: en las capas de estuco veneciano se trabaja con cantidades pequeñas y filo limpio.
04

Estuco veneciano: capas delgadas y ferrateado

El estuco veneciano no es un producto, es una manera de aplicar. Se levanta con pastas de cal muy finas, cargadas de polvo de mármol, extendidas en capas de espesor casi nulo con espátula flexible de canto redondeado. Cada pasada se cruza con la anterior en direcciones cambiantes y sin dibujar figuras reconocibles: la profundidad nace de la superposición irregular, no de un gesto repetido.

La primera capa cierra y regulariza. La segunda empieza a construir el tono. A partir de la tercera se trabaja con la espátula casi tumbada y el material justo, apretando más de lo que se carga. Cuando la superficie pierde el brillo húmedo pero todavía admite presión, llega el ferrateado o bruñido: se pasa la hoja limpia con fuerza y en pequeños movimientos hasta que el mármol se compacta y aparece el lustre.

El momento del bruñido depende de la temperatura, del soporte y de la humedad del aire, no del reloj. Demasiado pronto arrastra material; demasiado tarde raya y quema la superficie. Es la parte del oficio que no se aprende leyendo, aunque ayuda saber qué se está buscando: un tacto templado bajo el acero y un sonido seco, algo cristalino.

Protección final

Sobre el acabado bruñido puede aplicarse jabón de cal o cera natural en capa mínima, siempre después de que la carbonatación haya avanzado. Aumenta el brillo y la resistencia al roce, pero también reduce la transpirabilidad, así que en paramentos que necesitan evaporar agua es preferible dejar el estuco desnudo.

05

Marmorino: cuerpo mineral y pulido en seco

Frente al veneciano, el marmorino tiene cuerpo. Se prepara con pasta de cal y árido de mármol de grano perceptible, se aplica en dos o tres manos con llana y deja una superficie más mate, con una profundidad pétrea que recuerda a la piedra caliza trabajada. Es un acabado que soporta bien el paso del tiempo y que envejece con dignidad, algo que no se puede decir de muchos revestimientos sintéticos.

El pulido se hace cuando la capa ya ha endurecido lo suficiente para resistir la presión sin desplazarse. Se trabaja con la llana en seco, con movimientos cortos y firmes, cerrando poro y sacando el grano de mármol a la superficie. Según cuánto se insista, el mismo material puede quedar en un satinado discreto o acercarse al brillo del estuco veneciano.

Una diferencia práctica importante: el marmorino admite espesores mayores y por tanto tolera soportes menos perfectos, mientras que el veneciano copia cualquier defecto de planeidad. Cuando el paramento no está impecable, el marmorino suele ser la decisión sensata.

06

Molduras corridas: terraja, guías y reglas

Una cornisa corrida se hace en su sitio, arrastrando el perfil sobre la masa fresca. El instrumento es la terraja: una plantilla de chapa recortada con el contraperfil de la moldura, montada sobre un bastidor de madera que apoya en dos reglas guía, una en el techo y otra en el paramento. La chapa lleva un bisel, y ese bisel siempre mira en el sentido del arrastre; girarlo es la causa más frecuente de que la moldura salga rasgada.

El trabajo avanza por acumulación. Se lanza yeso a la garganta, se pasa la terraja, se retira lo sobrante, se vuelve a cargar donde falta y se pasa otra vez. Al principio la masa arrastra y el perfil aparece roto; con cada pasada el filo va limpiando hasta que el arrastre suena continuo y la superficie sale cerrada. Las últimas pasadas se dan con yeso muy fino y algo más de agua, casi como una lechada, y ahí es donde se gana el brillo del perfil.

Orden de trabajo

  1. Marcar niveles y aplomar la posición de las reglas guía en todo el recorrido.
  2. Fijar las guías con pelladas y comprobar que la terraja desliza sin holgura ni rozamiento.
  3. Levantar un cuerpo previo de yeso más grueso para no arrastrar toda la masa de una vez.
  4. Correr el perfil por tramos, siempre en la misma dirección y con la terraja limpia.
  5. Resolver los encuentros de esquina a mano, con espátula y gubia, ajustando por comparación.
  6. Repasar aristas y curvas al día siguiente, cuando el yeso ya no cede pero aún se deja tallar.

Los ángulos son el examen. En un encuentro a inglete no hay terraja que valga: se prolongan los perfiles hasta cruzarlos, se rellena y se recorta el ingletado siguiendo la intersección teórica de las dos molduras. Conviene tener a mano un fragmento de perfil recortado en cartón rígido para comprobar el ajuste mientras se talla.

07

Rosetones y piezas repetidas en moldes de cola

Las piezas con relieve profundo y contrasalidas no se pueden sacar con un molde rígido sin romperlas. La solución tradicional es el molde de cola: una gelatina de origen animal que se funde al baño maría, se vierte templada sobre el modelo previamente aislado con goma laca y se deja cuajar. Al abrir, el molde es elástico y flexible, de modo que las hojas de acanto y los cortes a contramarcha salen limpios.

Ese molde blando necesita una madre o contramolde de escayola que lo sostenga y le devuelva la forma exacta en cada vaciado. Sin ella, la gelatina se deforma bajo el peso del yeso y las copias pierden geometría. El material se puede refundir varias veces, aunque pierde elasticidad con cada ciclo y con el exceso de temperatura.

Cuidados del molde

  • Fundir a temperatura suave y sin hervir; el calor excesivo degrada la cola de forma irreversible.
  • Aislar bien el modelo y el molde entre vaciados con el desmoldeante habitual del taller.
  • Guardar el molde dentro de su madre, en sitio fresco, y no dejarlo secar al aire.
  • Cargar el yeso en dos tiempos: una primera capa fina a brocha para copiar el detalle y otra de cuerpo con refuerzo de fibra.

Las siliconas actuales son más estables y duran mucho más, y para series largas resultan la opción razonable. La cola sigue teniendo sentido cuando se reproduce una pieza única en obra, cuando el modelo original es frágil o cuando conviene un material reversible que no deje residuo sobre una superficie histórica.

08

Color: tinte en masa y veladuras

En un revestimiento a la cal el color se resuelve preferentemente en masa, con pigmentos minerales estables a la alcalinidad: tierras naturales, ocres, sienas, óxidos de hierro, verdes y negros minerales. Los pigmentos se disuelven primero en agua hasta formar una papilla sin grumos y se incorporan a la pasta, no al revés. La proporción se mantiene baja, porque un exceso de pigmento debilita la cohesión de la capa.

Toda mezcla se prueba antes sobre una muestra del mismo soporte y se deja secar por completo: la cal aclara mucho al carbonatar, y el tono húmedo puede engañar en dos o tres valores. Conviene además preparar de una vez todo el material de un paramento y anotar las cantidades exactas, porque igualar un tono a mitad de trabajo es casi imposible.

Las veladuras se aplican sobre el acabado ya seco: agua de cal muy diluida con pigmento, jabones pigmentados o ceras teñidas, extendidos con muñequilla o brocha suave y retirados parcialmente. Sirven para matizar, unificar zonas de distinto tono o dar profundidad a un fondo plano. Su efecto se construye por acumulación de capas transparentes, y por eso es preferible quedarse corto y repetir antes que cargar de una vez.

09

Reparación de faltantes en escayola antigua

Ante una cornisa mutilada o un florón con hojas partidas, lo primero es entender qué pasó. Un faltante causado por una gotera vuelve a aparecer si no se resuelve la cubierta; una grieta que sigue moviéndose romperá cualquier reintegración. También hay que distinguir el material original del de intervenciones posteriores, porque no es raro encontrar tres campañas de reparación superpuestas con cementos y masillas incompatibles.

La limpieza se hace en seco siempre que sea posible, con brochas y bisturí, retirando capas de pintura solo hasta donde haga falta para leer el perfil. Después se consolidan los bordes del faltante y se elimina cualquier resto suelto, sin ampliar la pérdida más de lo necesario.

Criterios de reintegración

  • Reponer con yeso de características similares al original, no con productos más duros.
  • Reconstruir solo lo que se puede documentar en la propia pieza: perfiles corridos que continúan, motivos que se repiten en el mismo techo.
  • Copiar los tramos sanos mediante molde en lugar de modelar de memoria.
  • Dejar la intervención reconocible de cerca y discreta desde la distancia normal de visión.
  • Anotar y fotografiar el estado previo antes de tocar nada.

El ajuste final se hace con lija fina y espátula cuando el yeso está fraguado pero no del todo seco. En ese punto se puede rebajar sin arrancar y comparar con la moldura contigua a la luz rasante de una lámpara, que es la manera más honesta de ver si el empalme está resuelto.

10

Qué se publica en Deruna

El proyecto publica material escrito sobre la práctica del estuco y la escayola decorativa. No es un catálogo ni un escaparate: son textos que describen materiales, secuencias de trabajo y criterios de decisión, redactados para que sirvan tanto a quien empieza como a quien ya tiene oficio y busca contrastar una manera de hacer.

  • Fichas de materiales: cales aéreas e hidráulicas, yesos, áridos de mármol, pigmentos minerales.
  • Secuencias de aplicación paso a paso, con los puntos donde suele torcerse el trabajo.
  • Notas sobre herramientas: llanas, espátulas, terrajas, moldes y su mantenimiento.
  • Vocabulario del oficio, con las variantes de nombre que cambian según la zona.
  • Apuntes sobre conservación y reparación de yeserías y molduras existentes.

Los textos se revisan y se amplían con el tiempo. Cuando una técnica admite varias formas válidas de resolverse, se dice así en lugar de presentar una sola como norma.

11

Contacto

Deruna se puede contactar por correo electrónico, escribiendo a [email protected]. Es la única vía de contacto del proyecto: no hay formularios, ni registro de usuarios, ni boletín de suscripción.

Son bienvenidas las correcciones sobre el contenido publicado, las precisiones de terminología y las propuestas de temas relacionados con el estuco, la cal, el yeso y la moldura decorativa. Las respuestas dependen del tiempo disponible, y no siempre son inmediatas.

Puedes leer más sobre el planteamiento del proyecto en Sobre el proyecto.